Buenos Aires,

 

 

15/12/2018
2018, entre la decepción y la ilusión

El último 1 de Abril a la tarde terminó por darse el descenso de Arsenal, ese fantasma que lo agazapó como un león a su presa durante más de un año, finalmente lo atrapó. Restaban muchas fechas para que termine la Superliga pero el empate en San Martín frente al Funebrero (justamente marcando una muerte deportiva) y la victoria de Rosario Central en Paraná frente a Patronato marcaron la triste noticia para el pueblo de Sarandí. Luego de 16 años en la máxima categoría del fútbol argentino, con títulos nacionales e internacionales en su haber, el Viaducto volvía a una B Nacional que era desconocida para un gran porcentaje de los hinchas.

 

 

No todos vivieron esas tardes de sábado gloriosas junto a la persona que lo llevaba a la cancha siendo un niño (en este caso mi papá, Carlos).
La noche de ese primer domingo de Abril, los fanáticos de 25 años en adelante empezaban a recordar esos momentos del pasado; rememorar la caminata por la calle Pasco antes de ingresar al estadio y observar entre los tablones el césped era nostalgia pura -aún no habían tribunas de cemento-; patear latitas con un amigo de turno en el entretiempo ya no iba a ser posible; comprar un Jorgito en el viejo buffet tampoco se podría hacer más. Estos recuerdos hermosos de la infancia se mezclaban en la cabeza de todo hincha del Arse al darse cuenta que tampoco iba a ser posible volver a enfrentar a River o Boca. Por lo menos en un futuro cercano.


Al inicio de la pre-temporada, el director técnico, Sergio Rondina, se mostraba convencido de su grupo, el cual conformaban chicos del Federal o del riñón del ascenso, sumados a los juveniles que pasarían a ser importantes en el primer equipo (Lomónaco, Carabajal, Gomez, Antileff, Necul u otros).


Y así comenzó la aventura. En las primeras fechas el equipo no encontraba los resultados a pesar de ir marcando una identificación en el juego y no lograba imponerse a sus rivales. Muchos observaban la tabla de abajo. El DT seguía convencido con el plantel.
Con el paso de los partidos, Arsenal encontraba su mejor forma y comenzaba a escalar posiciones. Gagliardo ya era figura, Torrent Guidi ilusionaba a la hora de atacar, Pereyra/Leguizamon Espinola/Zamponi daban solvencia defensiva, Papa aportaba mucha experiencia, Mendez se adueñaba del mediocampo, Soraire jugaba con el alma, Necul desequilibraba constantemente y Garcia era el mejor delantero del campeonato. Justamente, en una jugada desafortunada, García se rompería los ligamentos y esté sería el primer dolor de cabeza para el Huevo -anteriormente se lesionó Zamponi pero encontró el reemplazo inmediatamente-.

La dupla delantera ahora estaría conformada por Pons y Lomónaco; dos chicos con mucha proyección pero que no siempre tomaban las mejores decisiones a la hora de finalizar jugadas. Aunque en algunos partidos no lograron resaltar, han estado a la altura de las circunstancias.
El semestre terminó de una forma inesperada. Arsenal entre los primero 3 equipos, en la pelea cabeza a cabeza por un ascenso directo junto a Nueva Chicago (a quién le gano de forma contundente) y Sarmiento (perdió en un partido atípico).


En paralelo, los aficionados, quienes aún sufrían por esa tarde de Abril, comenzaban a ilusionarse con una vuelta rápida a la élite del fútbol argentino.
No sólo se observa buen juego y una idea futbolística, sino también era notorio que había un muy buen grupo humano. En consecuencia, esto generó una comunión entre jugadores, cuerpo técnico y simpatizantes, quienes van a la cancha sabiendo que serán bien representados.
No es una primicia afirmar que lograr el ascenso será muy difícil. Pero la primer gran victoria del plantel ha sido la de devolver la ilusión y el sentido de pertenencia al pueblo de Sarandí.



Todo el staff de Hablemos de Arsenal les desea una Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Ya sabemos que deseo pedir luego del brindis.

 

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