how to create a website
Mobirise

Hoy: Darío “Cafú” Espínola

Darío “Cafú” Espínola: “Me hubiera encantado jugar al menos un minuto en Primera con Junior”

Una charla tan extensa como rica con uno de los hombres que más ha transitado el camino de Arsenal. Su llegada a Sarandí de chico, el debut y otras historias con el Vasco Iturrieta, el grupo del ascenso de 2002, sus sueños como DT y su opinión de aquella situación de su hermano Junior cuando dejó de ser tenido en cuenta por Burruchaga.

Faltaba uno de la familia Espínola en #VivoHDA y lo fuimos a buscar. La parcela derecha de la defensa casi que lleva escrita su nombre, y así lo refleja recordando diferentes momentos de su vida, la vida que es también una parte de Arsenal. Fueron un par de horas, pero tranquilamente su stock de experiencias y anédotas daba para un día entero. Para empezar la charla nos fuimos directo al origen, de un Darío Espínola adolescente que llegó a probarse a un Arsenal bajo la mirada de un viejo conocido: “Me fui a probar en Arsenal en 1989. Me pidieron que vuelva, me dejaron para fichar pero no aparecí porque tuve problemas con el estudio. Al año siguiente volví, el técnico era el Chino Aquino, quedé y me ficharon”. Sobre aquella prueba, Cafú cuenta una anécdota que resalta inevitablemente su capacidad de observación y que, probablemente, haya sido clave para ser seleccionado ese día: “El año anterior me había ido a probar de cuatro, pero la segunda vez pasó algo. Jugábamos contra los del club. Antes del partido, los otros chicos fueron a recorrer las instalaciones pero yo me quedé mirando la práctica. Empecé a ver que el volante izquierdo era rapidísimo y el derecho era medio picapiedras, así que antes de empezar le dije al Chino que quería probarme de ‘3’. Por suerte me fue bien y quedé en la lista”.


 
La década del noventa llegó con Darío ya frecuentando el club. Desde ese lugar nos cuenta cómo era aquel Arsenal bien de barrio, y cuán distinto era de lo que es hoy, sobre todo a la hora de entrenar: “No era nada que ver, recién empezó a cambiar a partir del ascenso. Nosotros entrenábamos afuera, donde hoy está la pileta, dos veces por semana. Íbamos para el lado del río corriendo, a veces dábamos la vuelta por la ‘Saladita’ o íbamos ida y vuelta a Domínico. Cuando jugábamos en la cancha auxiliar los domingos a la mañana era un campo minado. Teníamos que entrar a sacar ladrillos, piedras, botellas rotas… En inferiores se vivieron cosas hermosas”.
 
A la hora de elegir un entrenador en su larga carrera, Espínola se inclinó por Roberto Iturrieta, quien lo hizo debutar: “Me quedo con el Vasco, gracias a él aprendí de todo. Me dejaba después de las prácticas tirando centros, me enseñó a pasar al ataque con criterio para no desgastarme… sin dudas fue el que más me marcó.”  No obstante, el ex lateral del Viaducto -de 18 años de edad en aquel entonces- confesó que al principio no le resultó fácil la relación con el técnico que construyó del ascenso en 1992: “Debuté contra Gimnasia de Jujuy, y antes de entrar me pide que en la primera jugada tire la pelota a la platea. En vez de eso, le tiré un sombrero a Mario Lobo y salí jugando. No sabés lo que me puteó a la vuelta. A partir de ahí me bajó y estuve dos meses entrenando con mi categoría hasta que volví a jugar”. 

Mobirise

Continuando con la charla sobre sus primeros pasos como jugador, Espínola destaca la importancia del grupo que había ascendido a la B por el trato que le dieron: “Antes de ser titular en el ascenso tuve adelante a Mingo Acevey. Además de él estaban Taca Oyola, Viscovich, Coco Grondona, Fernando Rizzo, Jorge Muñoz… tipos increíbles con mucha personalidad, que me integraron en el grupo y me hicieron mamar lo que era Arsenal, generaron en mí el sentido de pertenencia. La mañana del día en que debuto, me agarraron y me sacaron todos los nervios”. Además, nos dejó un divertido recuerdo del fallecido Taca Oyola y la particular marca que efectuaba sobre los rivales: “No sabés lo que era. Íbamos de visitante y en el medio del partido de repente se escuchaba un golpe terrible en su zona que hacía calentar a toda la tribuna. Te dabas vuelta, veías a alguno de ellos tirado todo cortado y el Taca no estaba, se esfumaba, los árbitros no lo agarraban”.
 
Ya viajamos en el tiempo y nos centramos en el año del ascenso a Primera. Aquí Espínola se centra en la influencia que tuvo la llegada de Jorge Burruchaga a un plantel que ya visualizaba el ascenso, pero hasta ese momento se venía quedando corto: “Nos sentimos fortalecidos. Le llegó mucho al grupo con un mensaje simple y nos hizo creer como futbolistas y como personas. Nos ayudó muchísimo para alcanzar el objetivo del ascenso”. Aparte de ello, sin ser menos que sus otros compañeros que pasaron antes por Hablemos de Arsenal, llenó de elogios al núcleo de aquel plantel, sus amigos: “Por aquel grupo yo pongo las manos en el fuego. Vivíamos para entrenar y jugar, teníamos una gran armonía dentro del vestuario. A medida que pasaron los torneos, el sentido de pertenencia fue aumentando. No los cambio por nada”. 

Mobirise

Haciendo una reflexión sobre sus casi veinte años de trayectoria dentro de la cancha, Cafú destacó cual fue su secreto para mantenerse tanto tiempo vigente: “Uno siempre trató de ser autocrítico, de competir de manera leal mejorando día a día y, por supuesto, de aprovechar las oportunidades”. Recordó, para ejemplificar un poco aquello, la época en donde se tuvo que adaptar a jugar en Primera División: “El primer año me costó mucho, entonces sabía tenía que mejorar. Al año siguiente, vinieron dos laterales y Jorge me fue sincero al decirme que yo corría de atrás, pero después de un par de fechas volví a ganarme el puesto. Mi cabeza siempre fue así, me traían a uno adelante y yo me exigía más porque quería ser mejor”.
 
Uno de los momentos más difíciles para aquel grupo tras el ascenso fue la noticia de que Oscar Espínola, su hermano, no iba a ser tenido en cuenta por Jorge Burruchaga. Sobre aquel mal trago, Cafú se expresó: “Sólo te puedo decir que como hermano me hubiera encantado jugar al menos un minuto en Primera con él. Si fuera por mí, me hubiera sacado la camiseta y se la hubiera dado para que juegue. Tanto él como Pala (NdR: Rubén Palavecino, también descartado por Burruchaga en esa época) dejaron todo por estar, hasta se infiltraron. La lesión de tobillo aquella lo complicó y lamentablemente no le tocó estar. Aquel grupo sentía y quería que Junior juegue al menos cinco minutos”.
 
Por último y apuntando a su carrera como técnico que hoy lo tiene dirigendo a la Reserva, se atrevió a soñar un poco con nombres pesados cuando le preguntamos a quién le gustaría dirigir: “Uno es Martín Nervo. Siempre lo vi un líder, desde que era joven. De hecho en un partido en cancha de Lanús donde fui capitán cuando me sacan y entra él, le di la cinta. Vi que nos iba a representar, y no me equivoqué.” Además del Tincho, el ex defensor del Viaducto fue por el lado familiar su segunda elección y se quedó con su sobrino Aníbal Leguizamón: “Al otro lo tengo por Ecuador, ja. En un momento lo agarré y le dije que dependía de él, que podía llegar, pero tenía que definirse en una posición porque jugaba donde lo pusieran. Cuando le dieron la chance de jugar de central, demostró el potencial que tenía y hoy me saco el sombrero con lo que está logrando”. 

Mobirise



Mobirise